La avenida Amazonas a
las 23:00 horas lucía desolada, ninguna persona caminaba por ese sector. Lo
único que se podía observar con notoriedad era los cuerpos sin vida de los que
cayeron ante los vampiros.
De improvisto, un sonido
tenue comenzó a cobrar fuerza con el pasar de los segundos. Al final de una
calle una figura humanoide apareció. El sonido era de un par de zapatos de taco
al chocar contra el frío cemento de la calzada. El viento resopló con potencia que
iba al ritmo de los pasos de una figura femenina.
Al pasar por la calle
principal se detuvo y cerró su puño izquierdo con ira. Su mente hizo una
promesa de destruir a todo ser sanguinario que viera en su camino. Dos horas
habías transcurrido desde la llega de los vampiros, su desplazamiento por la
ciudad había sucedido de forma acelerada y organizada. Miró a los edificios que
lucían desolados, estaba segura debían estar escondidos algunos.
—Esto es extraño —pensó
la joven girando su cabeza en noventa grados a cada extremo. —No siento olor a
sangre fresca.
Las estrellas brillaban
con habitualidad como si el común destino de la Tierra permaneciera intacto. En
su mano derecha sostenía una espada de estilo medieval, la cual era larga y de
color negro con delicados adornos de rubí verde en el mango de la misma. En ese
instante escuchó el crujir de unas hojas a sus espaldas, apretó el mango de la
espada con firmeza al instante que regresaba a ver.
—No es prudente permanecer
a estas horas con los peligros que acechan en cada esquina, menos para una
jovencita como usted —declaró una voz masculina. La chica observó al frente
suyo a un individuo masculino de edad avanzada, su cabello corto y blanco
mostraban una cicatriz en la parte derecha de su rostro. Su semblante era
cálido y por alguna razón, parecía que ignoraba la masacre a su alrededor.
—Maldito vampiro —gritó
con ira la joven levantando su espada con fuerza. El individuo evadió el rápido
ataque con una ceja enarcada de inquietud
—¡Muere! —gritó
nuevamente la joven con la espada en alto. Sin éxito alguno en causarle
heridas, era alguien que evidentemente se había enfrentado a una espada con
anterioridad.
—Oye chica. ¿Te quieres
calmar? —expresó con molestia. —Acaso intenté morder o herirte de alguna forma
para que me catalogues como un vampiro.
—¿Acaso no eres un
vampiro? —indagó con evidente duda, a pesar de bajar la espada para que no se
mostrara hostil, permanecía alerta ante cualquier movimiento de la persona en
frente.
—¿Acaso saliste a cazar
vampiros? —se mofó. —Esto no es una serie de televisión niña, donde vivimos se
llama vida real y no sucederán milagros para que resucites si te matan — le reclamó
—Esas cosas están
matando por doquier en todas partes del país. ¿Acaso quieres que me quede
observando y esperando mi turno? —reclamó con molestia la joven
—Deberías dejar esto a
personas especializadas ¿Cuál es tú nombre? —preguntó inmediatamente al notar
que sus puntos de vista de la situación actual eran totalmente opuestos y
conforme a su experiencia, llegarían a un callejón sin salida.
—Soy Helen. No vivo en
este país, lamentablemente me encontraba en una…—explica la chica con un breve
silencio. —…visita a familiares, cuando todo esto sucedió
Helen exhaló el aire de
sus pulmones y bajó totalmente la espada, por algún motivo sabía que la persona
al frente suyo no era una amenaza en ese momento. Sin embargo, no guardó su espada,
en cualquier momento podía aparecer un vampiro.
—Mi nombre es Kurt,
nacido en Rusia —declaró de inmediato. La joven se sorprendió ante eso, su pronunciación
en español era estándar y no daba a parecer que provenía de un país tan lejano.
—Dime entonces ¿Qué te
trajo a este valle de la muerte? — preguntó enseguida la joven
—Pertenezco a una familia
que se puede decir tiene bastantes privilegios económicos. Mi hermana se asentó
en este país algunos años atrás y se ha enfocado en ciertos negocios
peculiares. Recibí una llamada de ella en la cual me solicitaba venir para
atender ciertos deberes familiares. Llegué en la mañana, aunque claramente no
esperaba encontrarme con vampiros —sonrió de forma tonta
Unos aplausos se oyeron
en el ambiente causando la alerta de ambos individuos. Una joven femenina de
largo cabello aplaudía en lo alto de una tarima, sus ojos de un color negro zafiro
simulaba la misma oscuridad y les observaba con una sonrisa en su rostro.
—¿Quién eres tú? —preguntó
Helen levantando su espada de forma agresiva. Enseguida notó que cerca de la misteriosa
joven se ubicaban dos vampiros, fácilmente reconocibles por las cuencas de los
ojos con ojeras y que, de su boca sobresalían dos largos colmillos, era lo
único que necesitaba observar para entrar en batalla.
—Me ha sacudido tú
historia Kurt, déjame decirte que me conmovió hasta el punto máximo de mi alma —declaró
la joven. De un salto ágil se colocó en la calle y comenzó a dirigirse en su
dirección. —Claro que no lo demuestro porque mi alma se encuentra en un lugar
que nunca veré —concluyó en el instante que sonreía con placer
—Maldita vampira —gritó
Helen evadiendo el cuerpo asesinado de un ciudadano. Los dos vampiros salieron
en defensa de la joven con la finalidad de atraparla y beber su sangre. Kurt
observaba todo sin moverse, quería ver si la espada había terminado en esas
manos por casualidad.
Lo que sucedió enseguida
sorprendió a todos. Los vampiros en su rápido intento de atrapar a la joven
notaron que habían cometido un grave error, pues la agilidad y velocidad de Helen
eran superiores a la normal. De dos rápidos mandobles las cabezas de los
vampiros cayeron al suelo, sin embargo, no apareció ni una sola gota de sangre
y para su sorpresa y fantástica imaginación, sus cuerpos no se desintegraron en
polvo.
—Es increíble que una humana
haya asesinado a dos vampiros —declaró la vampiresa. —Me presentó ante ustedes
humanos. Soy Karina, hija del maestre— completó mientras Helen sostenía con mayor
fuerza la espada.
Un sonido hueco resonó
a sus espaldas obligándola a girar, vio a Kurt apoyándose a una pared, respiraba
agitadamente y sus ojos estaban clavados en Karina, entonces alcanzó a
pronunciar con temor y nerviosismo. —Ma…maes…maestre
/*/
Tomás estaba con una
joven y un señor que habían logrado esquivar los vampiros, se encontraban en el
sur de la ciudad. Todo fue cuestión de pocos minutos para que los vampiros aparecieran
por toda la ciudad y ejecuten una masacra, de la misma forma como sucedió en la
Avenida Amazonas. Tomás había logrado salvarse de la muerte por cuestión de
segundos antes de encontrar un carro, pero la gasolina se había terminado y el tráfico
era incontrolable, por lo que prefirió correr y esconderse en una bodega húmeda
hasta que llegase la ayuda.
Tomás comprendía a la
perfección que eso nunca llegaría, los militares no vendrían con estacas y agua
bendita; y, al parecer, sus enemigos en común no tenían el miedo a las armas de
fuego como sucedía con los humanos.
Observó los rostros de
sus compañeros, la joven estaba cabizbaja y jugaba con sus dedos en el piso,
era la forma en que había decidido liberar un poco el estrés de encima. El otro
acompañante miraba la pared en completo silencio, de vez en cuando se movía y
miraba la mancha de sangre en su camisa y mano, lucía seca, un evidente recordatorio
de esa noche. la mancha de sangre que
tenía en su camiseta blanca, quizás alguien había muerto junto a él.
La noche brillaba con
las estrellas en su máximo espaldero, en pocas horas hubieran celebrado el año
nuevo con sus respectivas familias, hubieran bebido algunos cocteles y botellas
de alcohol, al siguiente día se arrepentirían, sin embargo, la realidad se
había esfumado. Se encontraba huyendo con la finalidad de salvar su vida por
las calles llenas de sangre y muertos.
Tomás empezó a abrir su
boca para articular una palabra para generar una estabilidad en el ambiente sin
éxito, los vidrios de la ventana de aquella bodega estallaron en varios pedazos
y por consiguiendo dando paso a un vampiro el cual al verlos se emocionó con
una mueca de placer, se dirigió a la joven y le mordió en el cuello.
Tomás tomó un pedazo de
madera que encontró en el suelo y golpeó en la cabeza del vampiro con fuerza.
El maligno ser, molesto por la interrupción soltó a la joven, la misma que cayó
al suelo con una gran herida, y de un golpe en el pecho lanzó a Tomás en contra
de unas cajas.
Escuchó rápidamente el
sonido del tercer sujeto escapando por la puerta. A una velocidad extrema saltó
por la puerta y cayó a las espaldas del individuo, asesinándolo en ese
instante.
Tomás se levantó adolorido
y tomó la mano de la joven. Huyeron de la bodega, enseguida cayó en cuenta que estaban
cerca de un acantilado que llegaba al Río Machangara, uno de los ríos más
antiguos y contaminados de Quito
La joven cayó al suelo
y rodó a través del acantilado. Tomás bajó a toda velocidad para atraparla
antes de que llegará al río, pero enseguida constató que había fallecido por la
pérdida de sangre. La tomó entre sus brazos y profirió un grito de odio y dolor
que resonó por todo el sector.
El maestre al
escucharlo se encaminó a su encuentro. Cientos de víctimas se sumaban cada
minuto, ¿Acaso no había salvación alguna?

2 comentarios:
Hiii perdón, ha pasado tanto tiempo desde la última vez que lo lei :D pero ya me igualo, Io prometo.
Me encanta la tranquilidad del viejo ente los ataques de la chica - te quieres calmar? hahaha
Estos es la vida real, y no resucitaras hahaha rayos! y yo acabo de morir 3 veces en un juego u___u
Vampiros con ojeras!...estoy considerando la posibilidad de que soy un vampiro hahaha
Me encanta q sus cuerpos no se hagan polvo como en las pelis! eso lo vuele mas real a la trama.
Imagino la impotencia que debió sentir Tomás! llegar vivo al sur desde la amazonas ya fue toda un logro! y que muera su compañera en sus brazos u.u.
Que genial, no me acoraba bien algunas cosas pero leerlo me trajo varias tomas a la mente :D
Saludos!
La vida real es cruel, no existen héroes que vivan de milagro, aunque bue, esto también es ficción, pero tiene un toque crudo que me gusta.
Pobre Tomás, imagino que debe ser traumatizante vivir algo así, me pregunto, ¿Cómo logrará salir de todo esto? Te sigo leyendo.
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