Sociedad de Almas, Seireitei
Kuchiki
Byakuya, capitán de la sexta división, de esa forma se había presentado ante Bulow
y Tec quienes intercambiaron miradas ante su repentina llegada, ambos notaban
como el reiki del sujeto era superior a la media del lugar y eso podría
causarles problemas. Observaban la destrucción del gigante al otro extremo del
lugar donde se encontraban, percibieron con perspicacia como el capitán, un
hombre alto de tez blanca, cabello negro y mirada penetrante, llevaba un adorno
blanco en el cabello, que sin saber era símbolo de nobleza, y una bufanda
blanca de seda; sacaba su katana listo para pelear.
Bulow
tomó en sus manos nuevamente ambas Desert Eagle, debía examinar a su enemigo
antes de atacar con todo lo que tenía, de esta forma podría incluso crear una
estrategia y evitaría contratiempos adicionales. En cambio, Tec lo miraba con desdén y
superioridad. Su rostro le recordaba a una persona de Paix y eso le hacía
hervir en furia en su interior.
—Miserable
—declaró Tec lanzándose al ataque con su lanza en la mano—. Te haré pedazos
—completó asestando un golpe de su lanza contra la katana de su adversario el
cual se defendía a toda perfección y sin mayor movimiento. Bulow observaba
desde lejos como sucedía todo, su concentración fue interrumpida al notar que
la serpiente por unos instantes se transparento, para finalmente desaparecer.
Byakuya
utilizó su agilidad para atacar, moviéndose en el lugar a una amplia velocidad,
para sorpresa del capitán, Tec le igualó en velocidad sin mayor esfuerzo,
definitivamente la pelea parecía personal.
Bulow notó
cómo una nueva presencia se manifestaba en el cielo de todo el Seireitei, por
unos segundos pensó que podría ser otro de los guerreros del lugar, antes de
notar un detalle importante, una tela oscura con símbolos arcanos en color rojo
se envolvía en el brazo derecho, uno de los símbolos de los guerreros aliados
de Abaddon.
—¡Un
arcano! —declaró Bulow sin tener certeza de su aseveración. El capitán de la
sexta división no tomó en cuenta sus palabras como algo de importancia, pero
notó rápidamente como Tec se alejaba de su perímetro de ataque para observar el
cielo. Escuchó notoriamente la maldición que pronunció ante la llegada de ese
individuo. Quizá lo que el capitán comandante había declarado era real,
existían dos grupos invasores.
—Deberías
concentrarte más en la batalla —le reclamó Byakuya generando un mandoble con su
zampakutō que golpeó el pecho de Tec, sin embargo, un leve corte apareció en su
pecho en medio de la ropa desgarrada. Su reiki lo había protegido en su
inmaduro descuido para no recibir más daño.
Bulow de
dos grandes saltos inició una ráfaga de disparos en contra del capitán
presente, todo ello con la intención de que Tec recobre presencia en el campo.
Byakuya poseía una mayor velocidad en relación a su nuevo adversario por lo que
esquivar los ataques no presentaba ningún problema.
Tec
invocó una esfera de fuego con la cual quemó y cicatrizó su herida, por lo
menos hasta que terminara su batalla. Se adelantó a Bulow, por lo cual dejo de
disparar, y de un rápido mandoblazo intentó atacar a su enemigo, el cual lo detuvo
sin ningún problema.
Byakuya
de tres ágiles y rápidos saltos llegó hasta una edificación cercana, estiró su
zampakutō y pronunció—. Dispersa, Senbonzakura
La hoja
de su espada se dispersó en cientos de pequeños filos brillantes semejantes a
los pétalos de las flores del cerezo
—¿Qué
demonios? —declaró Tec al observar aquella liberación. Posterior a las
liberaciones de las zampakutō de sus antiguos enemigos en armas materiales, no había
previsto que se convirtiera un arma en pétalos de cerezo.
Los
pétalos se dirigieron hacia Tec, dando varios mandobles con su lanza intentando
evadirlos, pero era imposible ya que al frente tenía docenas de ellos. Los
pétalos lo rodearon y en cuestión de segundos cada uno de ellos cortaron a Tec
en alguna parte de su cuerpo, el guerrero cayó al suelo entre una salpicadera
—¡¡Tec!!
—gritó Bulow con furia. — Eres un miserable
Tomó en
sus manos la escopeta Western de su espalda con la finalidad de eliminar a su
enemigo. Byakuya lo observó con tranquilidad y movió nuevamente el mango de su
katana, todos los pétalos fueron hacia su enemigo con la misma intención. Bulow
alcanzó una pequeña pistola Phyton que la lanzó hacia su enemigo. Al contacto
con los pétalos se generó una explosión que dispersó los pétalos por distintos
lugares.
Bulow
apareció al frente de su enemigo a toda velocidad apuntando a la cabeza de su
enemigo. Byakuya simplemente usó la agilidad para escapar a menos de un segundo
de que la bala le hubiera dado de frente.
—Eres
hábil —sentenció Bulow de inmediato
—Estoy
harto de jugar —declaró el shinigami estirando el mango de su zampakutō. —Es
hora de terminar contigo como lo hice con tu amigo
—¿De
qué hablas? —inquirió Bulow arqueando una ceja. —Tec no ha sido derrotado.
El
shinigami regresó a mirar a su contrincante, para notar que estaba sangrando en
dos secciones de su cuerpo, el brazo derecho y la frente, notó con curiosidad
como le sonreía con demencia y su lanza estaba en alto.
—Nos
estás tomando a la ligera —sentenció Tec sonriendo, una pequeña hilera de
sangre cayó por la parte derecha de su cráneo.
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Zaraki
Kenpachi avanzaba a toda velocidad por el Seireitei, sentía el reiatsu de su
enemigo a poca distancia, esta vez no se equivocaría de camino. Empezó a dar
grandes saltos para llegar a lo más alto de los edificios. En ese momento fue cuando la observó por
primera vez, era una chica de cabello negro, la envolvía un vestido de color rojo
de una sola pieza, en su cabeza llevaba un velo largo semi transparente que
caía elegantemente en su espalda, no llevaba zapatos y se encontraba sobre una
seta roja con puntos blancos. Sus ojos color miel localizaron al shinigami de
inmediato.
El
capitán de la undécima división dio varios saltos para mantenerse en el aire a
la altura de la chica mirándole con evidente sorpresa. —¿Tú eres quien emitía
ese reiatsu poderoso? —indagó
—Insensato
—declaró la joven arcana moviendo su mano de forma evasiva, el shinigami sintió
una gran fuerza que intentaba empujarlo, pero no lo logró. La joven se
sorprendió al ver que el sujeto no había sido afectado por su ataque, más bien
se encontraba sonriendo.
—Eso me
lo dice todo, aunque me sorprende seas la más poderosa de los llegados —declaró
el capitán con una sonrisa
—No me
interesa lo que tengas que decir— dijo la joven. —Me han enviado a llevar una
esencia, no tengo intenciones de luchar contigo, sencillamente no me gustan las
batallas
—¿Qué? —
gritó Kenpachi con molestia, su boca giró treinta grados al generar una mueca
de sorpresa, las peores palabras que le podían decir se habían cumplido
—Lo que
has oído —emitió llevando su mano derecha al rostro para recoger un mechón de
su cabello que le molestaba. —Generalmente nosotros no ejecutamos esa frase y
ese plan, considera como tú día de la suerte
Kenpachi
cerró los ojos con molestia, aquella mujer en realidad le estaba molestando. —Has
invadido este lugar por lo que tengo que detenerte
—Insensato
—expresó de nuevo la joven al observarlo. —Estás haciendo que mi paciencia
llegue a un límite —completó con rapidez, su mente deducía en que parte se
encontraba la esencia que buscaba y tenía como objetivo primario de misión.
—Entonces
me veo en la obligación de atacar primero debido a tu inseguridad, mujer —completó
el shinigami sacaba su katana, el filo de la misma estaba desgastado por los
millones de reyertas efectuadas.
—Insensato
—continúo la joven al momento que cerraba su puño derecho con irritabilidad, tras
dos segundos volvió a abrirlo, pero la palma de la mano apuntaba al cielo, una
luz apareció y fue creciendo de forma perpendicular a su mano, en segundos
desapareció quedando en su lugar una lanza roja en tonalidad oscura con un
mango negro y plateado. —Has convocado tú muerte
—No lo
creo —respondió Kenpachi con una sonrisa en el instante que se lanzaba al
ataque.
Con
agilidad la lanza convocada chocó contra la zampakutō de Kenpachi, el shinigami
notó que la joven sostenía el arma sin mucha fuerza, pero detenía la katana con
precisión. El shinigami uso la agilidad para atacar por el costado a la joven,
pero ella dio un salto en reversa en el instante que movía su mano noventa
grados y cortaba el pecho de Kenpachi sin dificultad. El shinigami estaba
sorprendido al no haber previsto ese ataque.
—Tienes
un reiki muy alto, pero parece que no puedes usarlo en ninguna forma— declaró
la joven con una sonrisa de burla. —Pero el corte ni te ha inmutado. Me
presentaré —declaró con tranquilidad, de improvisto un viento sopló con fuerza
agitando el vestido rojizo.
El
shinigami observó a la joven, en un momento le pareció sentir el reiatsu de la
joven a un nivel de capitán del Seireitei, pero enseguida desapareció.
—Soy Igni
de Bennu, guerrera al servicio del gran Abaddon —anunció la joven mirando el rostro
de sorpresa e ignorancia del shinigami
—No sé
de qué estás hablando —declaró el shinigami agitando con firmeza su zampakutō
—Insensato
—declaró Igni con ira. Sin perder tiempo se lanzó al ataque, intentaba moverse
a mayor velocidad para eliminar a su enemigo, pero este detuvo el ataque con la
mano sin problema esta vez. —¿Qué? —declaró la joven arcana anonadada ante
aquel suceso.
—No me
subestimes —gruñó el shinigami causando un corte a la altura del abdomen a la
joven, la cual usó su velocidad para desaparecer y materializarse varios metros
lejos, su vestido estaba desgastado y una pequeña mancha de sangre color rojo
oscuro aparecía en él.
—¿Cómo
te atreves a destruir esto? —le gritó mientras sus cabellos empezaban a moverse
con fuerza. —He decidido matarte personalmente, por ello no tengo tiempo para
buscar el cristal —declaró en el instante que su guante empezaba a brillar. —Décimo noveno ejército
—gritó, esto causó que varias luces aparecían a su alrededor, ante
la mirada de duda de Kenpachi.
Las luces
poco a poco fueron creciendo hasta que se materializaron un grupo de decenas de
individuos humanoides con vestimentas blancas y máscaras de luz viva. En sus
manos llevaban báculos de energía
—¿Nos
ha llamado gran Igni? —declaró una de esas criaturas
—No
tengo tiempo para buscar la esencia que solicitó el gran Abaddon, les encargo
esa misión. Yo mataré a este sujeto —completó la arcana, las criaturas
escucharon eso y se disgregaron por todo el Seireitei en busca de lo delegado.
—Empecemos
la pelea —declaró la arcana. De improvisto la lanza en sus manos empezó a girar
en forma de defensa, Kenpachi se lanzó con rapidez hacia su enemiga atacando
con su espada. Al chocar, ambas armas causaron pequeñas chispas debido a que ninguno
de los dos cedía.
Kenpachi
usó su velocidad de nivel de capitán para atacar nuevamente a su enemiga, pero
ella movió el brazo sin dejar de girar el arma, bloqueando el ataque. Kenpachi de
rápidos movimientos causó un nuevo corte por el costado izquierdo de la joven.
La
arcana dio tres saltos con la finalidad de alejarse de su enemigo ante la
sorpresa de haber sido atacada nuevamente. Su contrincante no era alguien que
pudiera ser tomado a la ligera y no podía perder tiempo y efectividad en el
campo de batalla—. Revolución Arcana— gritó la joven
Kenpachi
notó como el ambiente cambiaba drásticamente, se podía sentir el acrecentamiento
de la fuerza de reiatsu en su enemiga a niveles altamente sorprendentes. En la parte
posterior de la joven enemiga emergieron varias líneas de color blanco que relumbraron
con fuerza para dar paso en cuestión de un segundo a un ave de largas patas y
pico color amarillo, tenía plumaje blanco y gris que hacían juego con los ojos
negros y alargados.
—¿Eso
es…? —se preguntaba Kenpachi sin comprensión de la situación al frente.
—Bennu,
un ave sirviente de los grandes seres ancestrales egipcios
El bennu
observó a su enemigo y le miró con interés, pero su mirada se desvió al
observar el gigante de Komamura y la serpiente de Chad—. Que agradable
sorpresa, uno de los cuatro traidores se encuentra aquí
—Será
divertido— dijo el bennu estirando una de sus largas patas amarillas en
dirección del capitán, pero la misma fue estancada por la zampakutō respectiva,
repeliendo el ataque. El animal protector lanzó un rayo rojo de su pico para de
estar forma terminar con su enemigo, pero para su sorpresa el shinigami se movió
a mayor velocidad evadiendo el ataque. Igni apareció por detrás de él y le
causó un corte en la espalda que lo lanzó al suelo por la fuerza del mismo.
—Me empiezas
a molestar—declaró Kenpachi levantándose del suelo, se sacó su parche del ojo y
su reiatsu de color amarillo empezó a brillar con mayor intensidad, al mismo
tiempo los pequeños materiales de roca a su alrededor se desintegraban por la
energía. Tanto la arcana como el bennu prestaban atención con sorpresa el poder
que emitía su contrincante, y que con cada segundo iba aumentando.
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Rula permanecía inmóvil en
el suelo, sus heridas habían sido cicatrizadas con magia para que se no
afectarán su reiki a mayor grado. Chad miraba con sosiego a su compañera, el
hechizo funcionaba y era cuestión de poco tiempo en que se recobrara. No sentía
ninguna fuerza en los alrededores, cerró sus ojos unos momentos, instante en el
cual su mente divagó en sus recuerdos más profundos.
En los
pensamientos de Chad se observaba a una joven Rula caminando en medio del
pasaje de un parque, el cual lucía varias decenas de árboles frutales de
distintos biomas, los cuales brillaban por su propia vitalidad y la frescura de
sus alimentos. La altura de los árboles sobrepasaba los diez metros, por lo que
el chocar del viento con sus hojas generaba un sonido muy tranquilizador en el
ambiente. Un grupo de tres aves pequeñas con pelajes azules ofrecían un
concierto de cálidos sonidos a los seres vivos que se encontraban cerca.
Rula vestía
un vestido blanco delgado y un collar color rojo que le brindaba una belleza
inusual. Su piel se veía brillante y lisa. Miraba las aves que cantaban con
dulzura en su mirada.
Una mano
apretó su brazo con delicadeza, ella miró al suelo por un período corto de
tiempo al saber con total certeza a quien pertenecía. Giró su rostro cuarenta y
cinco grados y al frente suyo un joven de cabello castaño claro le sonreía. Sus
cabellos rebeldes caían peinados por un costado y desentonaban con el traje
militar pulcro y cuidado que llevaba.
—¿Si
comprendes qué mi decisión corresponde a lo que es mejor para nuestro reino? —declaró
con calma el recién llegado, sus ojos color miel le miraron con seriedad.
—La guerra
contra Abaddon ha llegado a un punto crítico —explicó con rapidez, su mano tocó
suavemente el mentón de la chica—. Debo ir a esa batalla
—Lo sé Kurt
—expuso Rula mirándolo fijamente, su corazón latía fuertemente y el sudor de su
cuerpo aumentó en cuestión de segundos ante la nerviosidad del momento—. No
quiero perderte —completó en el momento que su frente se acomodó suavemente en
el pecho de su acompañante.
—Intentaré
que no me pierdas —contestó el joven. Su mano se dirigió al mentón de la chica
y levantando su rostro le dio un beso lleno de dulzura, las mejillas de la
chica se ruborizaron enseguida mientras devolvía el sentimiento recibido
Entre uno
de los arboles dos guerreros les observaban con disimulo, habían quedado
atrapados en el lugar sin poder moverse para no incomodar a la pareja, Chad
sentía la incomodidad.
El
pensamiento de Chad cambió a una escena posterior, la batalla había sucedido un
tiempo prudente atrás y las noticias de los guerreros enviados a la misma, eran
inexistente.
—Rula —declaró
una joven de largo cabello que entraba por la puerta principal de la habitación,
engalanaba un vestido oscuro ajustado al cuerpo y unas botas negras en las cuales
se unía una correa que llevaba atada una daga blanca.
—¡Ryuna! —declaró
Rula con sorpresa. En sus manos tenía una foto de ella junto a Kurt, la cual
guardó en su bolsillo al ver a su amiga—. ¿Qué sucede?
—Ha
regresado un soldado de la batalla en contra del imperio— completó la joven.
Rula de un
sobresalto salió de la habitación a gran velocidad. Corrió por un largo pasillo,
corría sin detenerse hasta llegar a una puerta de abeto, la cual empujó para entrar
con urgencia. En ese lugar se encontraban reunidos varias personalidades de
gran importancia entre militares, magos y miembros del concejo, todos ellos
miraban a un soldado recién llegado. Rula y Ryuna se colocaron en silencio a un
costado para escuchar.
—Mi vida se está
extinguiendo —declaró el soldado al terminar de tomar un vaso de agua—. Logré
sobrevivir a un ataque perpetrado por Abaddon desde el interior de nuestras
tropas. Poseo un cristal de memorias en el cual se guardan las memorias de los
que no perecimos en ese momento, ahí ustedes pueden comprobar como fuimos
traicionados y asesinados por el príncipe Kurt del reino perdido
Los
murmullos en todo el salón iniciaron con rapidez. Rula permaneció en silencio
sintiendo como su mano empezaba a temblar involuntariamente
—Puedes
mostrar el cristal —declaró el rey
El cristal
brilló por un corto tiempo antes de empezar a proyectar una imagen en el aire,
en ella se miraba como el príncipe Kurt vestía una armadura de color negro y sin
dudar iniciaba su ataque al ejército enviado en contra de Abaddon.
—Es
imposible —declaró una mujer en el fondo—. Nos ha traicionado
Rula llevó
su mano al bolsillo con rapidez, sacó la foto que había estado observado antes,
de improvisto y con furia la aplastó con su puño
Chad dejó de recordar
sobre esa situación, definitivamente todos habían sufrido en la batalla en
contra de Abaddon y no permitiría que todo quedara impune, no después de que
había sido parte de la causa del sufrimiento.
Universo Siete, La Tierra
Se podría
decir con certeza que ella era la princesa de los saiyayin,
pero pese a tener un título que indicaba poder, se plasmaba y sentía inútil
ante la situación que franqueaba por sus ojos. Gokuh y Vegeta arremetían con
golpes en contra de un sujeto de traje blanco ceremonial estilo oriental, en el
mismo se observaban los bordados en material metálico de varias cruces doradas,
ambas manos las llevaba atadas con unas cadenas al rojo vivo, pero a pesar de
esos detalles que demostrarían debilidad, se defendía totalmente de sus oponentes.
Bra
intentó moverse, pero no podía ya que su cuerpo estaba paralizado por el golpe
recibido de aquel sujeto antes y su cabello color azul estaba cubierto de
sangre, no se atrevía a mirar a un costado porque no soportaba ver el cuerpo
sin vida de su hermano Trunks, o el de las personas que conocía y apreciaba,
los que en conjunto eran conocidos como los guerreros Z.
El
enemigo había llegado a su mundo de improvisto y empezó a aniquilar cada pueblo
y lugar sin detenerse o con muestra de compasión, lo único había comentado en
una transmisión internacional por televisión era que realizaba los preparativos
para el gran Abaddon, sin que nadie tuviera una idea exacta de a lo que se refería.
Un fuerte golpe lanzó a Gokuh lejos del lugar. En cuestión de segundos atravesó
con una pequeña daga el corazón de Vegeta, el cual cayó pesadamente al suelo sin
vida.
—¡Papá!
—gritó Bra con terror, con un gran esfuerzo se levantó con dolor y corrió hasta
el cuerpo de su padre. Tres sombras pasaron sobre ella, al regresar a mirar los
reconoció ya que eran Yamcha, Tenshinhan y Chaoz.
El tercero
creó un ataque de energía que lanzó sobre su enemigo, pero no le causó ningún
efecto, los otros guerreros arremetían con ataques. El enemigo murmuró algunas
palabras mientras aquella daga crecía hasta convertirse en una espada, con la
cual cortó en dos pedazos a Yamcha. La sangre salpicó a Bra quien dio un grito
de terror por la brutalidad del poder.
Tenshinhan
creó una esfera grande de energía con la que intentaría matar a su enemigo,
pero antes de que pudiera concluir el ataque sintió como una cadena aprisionó su
cuello y lo rompió en pedazos. Chaoz arremetió con varios golpes, pero no
significaban nada para el enemigo, en un descuido la mano del enemigo atravesó
con su mano el pecho del chico.
El
enemigo centró su atención en Bra, bajó del cielo hasta estar a pocos metros de
ella, la chica generó una esfera de energía que lanzó al enemigo, pero tal como
lo espero, no funcionó para nada. La tomó del cuello con fuerza. Ella observó cómo
Gokuh se acercaba a toda velocidad lleno de furia y dolor.

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